Equipos de rescate de Francia y México, con tecnología de alta sofisticación, trabajaron en la zona del derrumbe. A pesar de los esfuerzos y la capacidad del equipamiento, que podía detectar hasta latidos de animales, no se encontraron señales de vida.
Los familiares de las víctimas permanecen en la zona, suspendidos en el tiempo y visiblemente traumados. Muchos han perdido todo, no solo materialmente, sino también a sus seres queridos, enfrentando una situación de precariedad extrema.
Se ha formado un campamento improvisado denominado "Ciudad Carpita" en la playa, donde se refugian muchos desplazados. La perspectiva para ellos es de pérdida total y la incertidumbre sobre el futuro es palpable.
Los temores se centran en la seguridad y la salubridad, con la destrucción total de servicios públicos como cloacas y agua corriente. La crisis habitacional es urgente, ya que muchas personas no tienen un plan B.