En un encendido editorial, se planteó la idea de que la prostitución no se limita a lo sexual, sino que abarca diversas formas de entrega moral en distintos ámbitos.
Se mencionó que periodistas pueden prostituirse al callar la boca, comisarios al hacer la vista gorda, y políticos al transar con la droga. Incluso se señaló que hay quienes se prostituyen por favores menores, como un registro para un hijo o un puesto de choripán.
El tono crítico se extendió a la falta de valores en la sociedad, ejemplificando con conflictos mediáticos entre figuras públicas y periodistas, y comparando la situación con la fauna que se regocija en la carroña.