Se desmanteló un centro de rehabilitación en Pilar que operaba como una estafa, donde los jóvenes eran mantenidos dopados y encerrados contra su voluntad. El centro, llamado "Nuevo Camino", se promocionaba en redes sociales y prometía ayudar a personas con adicciones, pero en realidad funcionaba de manera clandestina, sin personal médico ni psicológico.
Los pacientes eran forzados a consumir una mezcla de medicamentos, apodada "jugo loco", para mantenerlos sedados. Además, eran privados de contacto con sus familias y sometidos a condiciones de hacinamiento y maltrato. Algunos testimonios de exinternos revelan que eran golpeados y privados de comida.
Los dueños del centro, Rolando Albisi y Estefanía Marrero, fueron detenidos por ejercicio ilegal de la medicina, privación de la libertad y estafas. La investigación también apunta a que se utilizaba a los internos como mano de obra esclava. La falta de registros oficiales sobre centros de rehabilitación dificulta la detección de este tipo de fraudes.