En barrios pobres de La Habana, los templos protestantes se han transformado en centros integrales de asistencia, ofreciendo consultas pediátricas, ejercicios físicos y raciones de almuerzo caliente. La Iglesia Bautista Nazaret, por ejemplo, atiende a más de un centenar de madres solteras, personas con discapacidad y ancianos en situación de desamparo.
Los prolongados apagones y el elevado precio de los alimentos dificultan la sostenibilidad de estos comedores, que dependen de la colaboración de personas de buen corazón. A pesar de los desafíos, las congregaciones mantienen su labor social para mitigar el hambre y la enfermedad en la isla.