Nicolás describe la paternidad como un aprendizaje constante, donde cada día aprende algo nuevo de su hija Rufina.
Reconoce la dificultad de equilibrar la libertad que debe darle a su hija con la necesidad de guiarla y protegerla. Compara el proceso con "armarle sus alitas" para que vuele alto, pero estando presente para ayudarla si se lastima.
A pesar del vértigo que implica verla crecer tan rápido, disfruta del proceso y confía plenamente en la persona en que se está convirtiendo.