Nicolás reflexiona sobre su pasado confrontativo y admite que, aunque no se arrepiente, reconoce que hoy resolvería algunas situaciones de manera diferente.
Considera que su actitud respondona en ciertos momentos se debía a su edad y a una diversión que encontraba en la "pelea". Sin embargo, aclara que nunca tuvo "mala leche" y que su familia siempre supo su verdadera intención.
Valora la madurez alcanzada, que le permite ver las cosas desde otra perspectiva y no buscar disculpas ni pedirlas, confiando en que sus acciones, aunque a veces conflictivas, no tuvieron mala intención.