Se plantea una situación hipotética: ¿cómo reaccionarían los medios si un embajador argentino estuviera de fiesta en el exterior? Se critica la corrección política y se defiende el derecho a cometer excesos, como beber en exceso.
Se elogia la actitud del embajador noruego al participar de la celebración, considerándolo un acto de autenticidad y una ruptura con la rigidez de la corrección política. Se le desea "buena suerte" y se celebra su espontaneidad.