Se retoma la idea del orgullo como motor de la rebelión y la independencia, comparando la actitud de Satanás con la declaración de independencia en el Edén: "Ahora serán como dioses". Este orgullo lleva a creer que los talentos o años en la iglesia permiten saltarse reglas y no aceptar correcciones.
Se menciona el caso del rey Saúl, quien intentó disfrazar su autonomía y desobediencia con buenas intenciones. El profeta Samuel comparó la rebelión y la obstinación con la idolatría, evidenciando la gravedad de la insubordinación ante Dios.