Se explora el origen del espíritu de independencia y rebelión, situándolo en el cielo con la criatura llamada Lucifer. Se menciona que Dios mantiene el orden en el universo a través de su autoridad, mientras que el principio de rebelión nace con Lucifer.
La caída de Satanás no comenzó con un pecado escandaloso, sino en el corazón, impulsado por el orgullo que lo llevó a querer ser semejante a Dios. Este mismo orgullo afecta a las personas, llevándolas a creer que sus dones y talentos les permiten saltarse reglas o no aceptar correcciones de quienes tienen autoridad.