La matriz energética de Panamá se desarrolló sin prever los cambios climáticos, priorizando grandes centrales hidroeléctricas en zonas con potencial hídrico. El río Chiriquí Viejo, el más caudaloso de Chiriquí, fue intervenido con 19 centrales hidroeléctricas, afectando su curso natural.
Ambientalistas critican la falta de planificación y gestión de cuencas, señalando que el impacto de estos proyectos sobre los ecosistemas fluviales ha sido poco valorado. La priorización de la generación de energía ha descuidado la sostenibilidad de los recursos hídricos.