Se destaca la prohibición del uso de celulares en las cárceles federales como un hito en la gestión de seguridad, logrando la destrucción de más de 4.000 dispositivos. Se enfatiza la importancia de las requisas sorpresivas y permanentes para identificar objetos peligrosos dentro de los penales.
Las cárceles ya no serán "sucursales del delito" ni "oficinas del delito", y se busca desmitificar la corrupción interna mediante una gestión con objetivos claros y decisiones firmes basadas en evidencia. Se resalta que la comunicación desde el interior de los servicios penitenciarios se ha cortado, lo que ha sido fundamental para avanzar en el combate a las organizaciones criminales.