Tras la abolición de la esclavitud en Curazao, los esclavos liberados buscaban tierras para vivir y las pagaban cosechando. Sin embargo, las vacas y cabras a menudo devoraban sus cosechas.
Para proteger sus cultivos, utilizaban cactus como barrera. La música se mezclaba con el trabajo, y la figura de Tula, símbolo de la lucha contra la esclavitud, era un elemento recurrente en las representaciones.
El museo exhibe cómo vivía la gente después de la esclavitud, mostrando aspectos de su vida cotidiana, alimentación y obtención de agua. La guía destacó la interesante y atractiva narrativa del museo, que mantiene al visitante enganchado.