Las pantallas ponen al cerebro infantil en estado de hipnosis, reduciendo la creatividad y la tolerancia a la vida real, lo que puede generar enojo y ansiedad. La creatividad surge del juego libre, el aburrimiento y la exploración.
El contacto con la naturaleza regula el sistema nervioso y ayuda a salir del estado de tensión constante, a diferencia de las pantallas que consumen estímulos sin generarlos, reduciendo la imaginación.