Una ola de calor en Francia ha desatado una locura por los aires acondicionados, generando escenas de gran demanda y compras masivas en los supermercados, similares a las vistas en el Black Friday estadounidense. La escasez de estos aparatos se agrava por las restricciones arquitectónicas en París, que limitan la instalación de unidades exteriores en edificios protegidos.
La arquitectura Haussmaniana, característica de la ciudad, impone normativas estrictas que dificultan la colocación de aires acondicionados visibles, aumentando la demanda de modelos que no alteren la fachada histórica. Esto ha llevado a una competencia feroz por los pocos equipos disponibles.