Investigadores en Finlandia han observado mejoras en los marcadores inmunológicos de niños al incorporar tierra y vegetación natural en parques y jardines infantiles.
Esto ha llevado a rediseñar espacios educativos para incluir huertas y contacto con la naturaleza. Los niños criados en contacto con la tierra desarrollan menos alergias y sistemas inmunológicos más fuertes, además de regular procesos emocionales y psicológicos.