La conversación giró en torno a la posibilidad de que la tragedia en Venezuela impulse la agenda electoral y el rol de la oposición. Se mencionó la esperada llegada de María Corina Machado, cuya prohibición de ingreso por parte de la administración Trump fue interpretada como una estrategia para evitar la agilización de un movimiento opositor que podría desestabilizar al régimen.
Se planteó que el temor del gobierno venezolano a la presencia de líderes opositores radica en su potencial para capitalizar el descontento social generado por la catástrofe. La falta de respuesta institucional y la priorización del control político son claves en este escenario, mientras se especula sobre el papel de Estados Unidos y su posible conveniencia en mantener el status quo actual, especialmente en lo referente al tema petrolero.