Las escuelas especiales acumulan deudas millonarias para evitar el cierre, lo que las obliga a endeudarse con créditos que luego no pueden pagar.
Los gastos de mantenimiento de infraestructura, salarios, comida y transporte superan los ingresos, llevando a que algunas instituciones reduzcan días de atención o directamente cierren, desordenando la rutina de los estudiantes y sobrecargando a las familias.