Ernestina Pais admite tener una adicción al trabajo, impulsada por la adrenalina y el miedo a quedarse sin nada y a tapar.
Confiesa que se sentía vacía a los 26 años y que su obsesión por estar ocupada era una forma de evitar enfrentar sus problemas.
Reconoce que esta adicción la llevó a no ponerse límites a sí misma ni a los demás, y que hoy busca multiplicar su autoestima y el tiempo con su hijo y su madre.