En el siglo XIX, el lugar donde hoy se encuentra Curazao funcionaba como un centro de compra y venta de esclavos. Los barcos piratas atracaban en esta zona, que en esa época era agua, para comerciar con personas.
El gobernador de la época, Abraham, amasó una gran fortuna a través de este negocio. Los piratas compraban a los esclavos, los trasladaban por la zona y luego zarpaban hacia aguas abiertas.