Francisco Soto, sobreviviente del sismo en Venezuela, confiesa haber perdido las esperanzas en algunos momentos, llegando a pedirle a Dios que los llevara consigo si iban a morir, pero sin sufrir.
Describe la experiencia como aterradora, dolorosa y desesperante. La fortaleza física y mental flaqueó ante la agonía y el sufrimiento, pero la fe y el deseo de vivir fueron cruciales para mantenerse a flote.