En Argentina, la cosecha de trufas se beneficia del olfato de perros especialmente entrenados. Estos animales trabajan solo unos meses al año, olfateando trufas en el campo durante varias horas diarias.
Los perros marcan la ubicación de las trufas, y sus cuidadores utilizan una herramienta llamada "pala trufera" para desenterrarlas con cuidado. La experiencia de "cazar" trufas es descrita como impresionante y un aprendizaje para los amantes de la gastronomía.
Se enseña a diferenciar entre trufas buenas y podridas identificando su olor, y se destaca la importancia de comprar productos de calidad. Los perros reciben recompensas cada vez que encuentran una trufa, lo que los motiva en su labor.