Las Cataratas del Iguazú experimentaron un caudal de agua extraordinario debido a intensas lluvias, superando los 1.5 millones de litros por segundo habituales y alcanzando casi 6 millones.
A pesar del imponente caudal, las pasarelas permanecieron abiertas, permitiendo a los visitantes disfrutar de las cataratas en todo su esplendor, incluida la Garganta del Diablo.
Se destaca la magnitud del fenómeno natural, una de las nuevas siete maravillas del planeta, que emocionó a turistas y locales por igual.