Emily Checo relató su experiencia como víctima de violencia de género, destacando las dificultades para ser creída y la falta de apoyo inicial en la comisaría. Mencionó que tuvo que mostrarse con marcas visibles para ser tomada en serio y que el hostigamiento digital persiste incluso después de la condena del agresor.
Checo expresó su ofensa y falta de representación al escuchar declaraciones que priorizan al agresor sobre la víctima, enfatizando la necesidad de actuar de inmediato cuando una víctima denuncia.
Relató cómo su agresor, Santiago Martínez, quien intentó quitarle la vida, se presentaba como un amigo solidario y empático con casos de violencia de género, pero se transformaba en un "monstruo" en privado. Señaló que estas figuras pueden usar su imagen pública como una pantalla para ocultar sus acciones.
Afortunadamente, la justicia intervino y Santiago Martínez fue condenado a 15 años de prisión. Sin embargo, Checo aún sufre hostigamiento digital desde la cárcel a través de perfiles falsos, y denunció que el agresor incluso vende celulares y otros productos desde prisión.