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Liberación del dominio del pecado y entrega a Dios

Tensión: intercambio (15°)

Se explica que, al haber sido clavados los viejos deseos pecaminosos en la cruz, el cuerpo pecador ya no está bajo el dominio del pecado. Se insta a considerarse muertos a la vieja naturaleza pecadora y sordos al pecado, para vivir para Dios.

Se hace un llamado a no dejar que ninguna parte del cuerpo se convierta en instrumento del mal y a entregarse por completo a Dios, ya que el cuerpo pertenece al Señor. Se enfatiza que todo el ser debería glorificar a Dios.