Se expone la alarmante situación de hostigamiento que Emily Checo, víctima de un intento de femicidio, continúa sufriendo por parte de su agresor, Santiago Martínez, quien cumple una condena de 15 años de prisión.
A pesar de estar detenido, Martínez presuntamente tiene acceso a un celular dentro de la cárcel, desde el cual sigue hostigando a Checo, incluso a través de perfiles falsos en redes sociales. Se menciona la existencia de un "kiosco" dentro del penal que le permitiría obtener dinero y mantener estas comunicaciones.
Se cuestiona la inacción o ineficacia del sistema para impedir el uso de celulares en las cárceles, recordando que su uso, incluso justificado en pandemia, debería haber cesado. Se hace hincapié en la revictimización y la falta de protección efectiva para las víctimas, a pesar de las condenas.