La anemia puede ser causada por diversos factores, y su tratamiento a menudo se centra en la suplementación con hierro. Sin embargo, es crucial entender cómo el cuerpo absorbe este mineral para optimizar su efectividad.
El oxígeno que respiramos es transportado a las células por la hemoglobina, una proteína de la sangre que contiene hierro. Cuando los niveles de hemoglobina son bajos, como en la anemia, se experimenta debilidad, cansancio y metabolismo lento. La vitamina B12 también juega un papel fundamental en la formación de hemoglobina.
Existen dos tipos de hierro: el hemo, presente en carnes rojas (especialmente morcilla e hígado), que se absorbe entre un 15% y 25%; y el no hemo, de origen vegetal (lentejas, espinacas), con una absorción mucho menor, entre un 2% y 10%.
Para mejorar la absorción del hierro vegetal, es recomendable combinarlo con alimentos ricos en vitamina C (morrón rojo, cítricos, kiwi) y betacarotenos. Por ejemplo, un guiso de lentejas con espinaca y morrón potencia la absorción del hierro.
Por otro lado, ciertos elementos pueden inhibir la absorción del hierro, como los taninos presentes en el té y el café, y el calcio de los lácteos. Se aconseja consumir estas infusiones o lácteos al menos una hora después de las comidas ricas en hierro. El jugo de naranja, a diferencia de la fruta entera, puede disparar el azúcar en sangre y no es la mejor opción en ayunas.