La icónica Torre Eiffel experimentó un notable crecimiento de 10 centímetros debido a la intensa ola de calor que azota Europa. Este fenómeno se debe a la dilatación térmica del hierro, que provoca la expansión de la estructura ante las altas temperaturas.
Los expertos explicaron que, si bien el calor expande el metal, el frío invernal provoca el efecto contrario, haciendo que la torre se "achique". Este curioso hecho resalta las particularidades de la ingeniería ante las condiciones climáticas extremas.