Europa atraviesa una severa ola de calor con temperaturas que superan los 40 grados en varios países, especialmente en Francia. Las morgues están colapsadas y se registran entre 1.300 y 1.500 muertes adicionales, muchas de ellas por descompensaciones y ahogamientos al intentar refrescarse en ríos y canales.
La falta de preparación para estas temperaturas extremas, sumada a noches que no bajan de los 40 grados, dificulta la recuperación corporal y agrava la situación. Las funerarias han tenido que recurrir a cámaras frigoríficas temporales y trasladar cuerpos a depósitos alejados.