La ciudad de La Guaira se encuentra en una situación desoladora tras una semana del desastre. La esperanza inicial de encontrar sobrevivientes se transforma en desesperanza, bronca y enojo ante la magnitud de la destrucción y la aparente falta de organización.
Martín González describió que la ciudad "huele a muerte" y que la búsqueda de personas se ha detenido, dando paso a la recuperación de cadáveres. La frustración de la gente aumenta al visualizar la corrupción y los robos por parte de funcionarios, quienes incluso sustraían dinero de los escombros.
Se mostraron imágenes de un complejo de viviendas inaugurado por Chávez, donde de siete edificios solo dos permanecen en pie, el resto es una masa de escombros. Las familias buscan a sus desaparecidos entre los restos, a menudo con herramientas improvisadas, en una escena dramática.
Además, existe una creciente preocupación por la crisis sanitaria, con un llamado de Naciones Unidas sobre la atención de heridas y el riesgo de infecciones por falta de atención médica. La situación en La Guaira es calificada como un desastre indescriptible, con estimaciones de hasta 45 mil muertos.