Se reflexiona sobre el rescate de la humanidad por Jesucristo, liberándonos de la condenación eterna, el poder del pecado y la esclavitud de Satanás. Se proclama que ahora somos hijos amados y bendecidos por Dios, y se cuestiona cómo no vivir para Él después de tal salvación.
Se enfatiza la lealtad completa a Jesucristo, quien nos compró y salvó. Se recuerda que Él pide devoción de todo corazón, lealtad a toda prueba y negación de uno mismo, poniendo tiempo, dinero, posesiones y talento a su disposición. Se destaca que esta lealtad a Cristo debe primar sobre cualquier otra lealtad.