Se profundiza en la historia de la pizza y sus ingredientes en Argentina, cuestionando la idea de que todo proviene de la inmigración italiana.
Se destaca la producción local de trigo, tomate y queso fresco como elementos fundamentales para la pizza, argumentando que la salsa de tomate ya se consumía en el puchero y que los italianos aprendieron el oficio de panadero en Argentina. Autores como Mancilla y Calzadilla documentan el consumo de salsa de tomate en la época.
La preparación de panes como la fugazza y fugaceta evolucionó en Buenos Aires, adaptándose a los ingredientes y técnicas locales. El manejo del horno y la tecnología para la cocción ya estaban desarrollados en Argentina desde el siglo XVII, con una alta producción y consumo de pan.
Se mencionan historiadores italianos que describen panes sencillos y fritos vendidos en la calle, contrastando con la evolución que tuvieron en Argentina. La investigación busca desmentir mitos sobre la herencia culinaria exclusivamente italiana, resaltando los aportes criollos y la adaptación de recetas.