Se advierte sobre el resurgimiento del robo de pelo y el mercado negro en Argentina, vinculado a la creciente demanda de cabello humano para la confección de pelucas y extensiones.
Se relata que en Brasil, la compra de pelo era en dólares y se consideraba tráfico, con riesgos de ser detenido al intentar pasar material biológico por aduana. En Argentina, se menciona que peluqueros trabajan en negro y que el negocio de las extensiones puede generar ganancias millonarias.