Nuevos ataques rusos en territorio ucraniano han causado víctimas fatales en localidades como Odessa, Kharkov y Gerson. En Kharkov, se reportaron hasta cinco ataques en distintos distritos. Los medios ucranianos también informan de posibles ataques rusos sobre Kiev, dirigidos a objetivos militares y energéticos.
A pesar de la intensificación de los ataques, estadísticas indican que en junio se registraron menos ataques rusos en comparación con mayo, con una reducción del 29% en drones y misiles. Este descenso marca la primera disminución en el lanzamiento de proyectiles desde el inicio de la escalada.
Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales estima que el número total de bajas militares entre Rusia y Ucrania asciende a dos millones, entre fallecidos y heridos. Según el estudio, las tropas rusas habrían sufrido la mayor cantidad de bajas, con estimaciones de entre 400.000 y 450.000 muertos y un total de 1.4 millones de bajas (muertos, heridos y desaparecidos).
Las fuerzas ucranianas, por su parte, habrían sufrido entre 525.000 y 625.000 bajas, con 125.000 a 150.000 muertes. El informe concluye que las muertes rusas en Ucrania son más de cuatro veces superiores a todas las muertes estadounidenses combinadas desde la Segunda Guerra Mundial. La relación de bajas rusas y ucranianas se estima en 6 a 1 en la primera mitad de este año.
A pesar de la disminución de ataques, Rusia ha avanzado 84 kilómetros adicionales en territorio ucraniano, aunque de manera más lenta que en fases anteriores de la guerra. El país ha recurrido a diversas estrategias para reclutar nuevos integrantes para su ejército, incluyendo la liberación de presos y la modificación de las edades del servicio militar. El grupo paramilitar Wagner también jugó un rol en el reclutamiento de efectivos.