Se enfatiza que los funcionarios públicos tienen un deber de ejemplaridad mayor que el resto de los ciudadanos. No basta con ser inocente, sino que también deben ser transparentes para mantener la confianza pública.
Aunque se debe respetar el principio de inocencia, la falta de transparencia por parte de los funcionarios genera desconfianza generalizada, lo que puede llevar a la apatía electoral, como se sugiere al mencionar que la mitad de los argentinos deja de votar por creer en nadie.