Se presentan formas prácticas de poner a Dios en primer lugar: agradecerle al despertar, dedicar tiempo a cultivar la amistad con Él, ofrecer habilidades y talentos para la iglesia, y honrar el día del Señor con adoración congregacional.
Se enfatiza la importancia de apartar la primera porción de los ingresos como ofrenda a Dios, en señal de gratitud y confianza en la provisión futura. Se reitera que honrar a Dios con lo primero y lo mejor asegura que todo lo demás estará bendecido y que nunca se padecerá necesidad.