Javier Iturrioz relata cómo comenzó su involucramiento en el rescate de caballos, particularmente aquellos utilizados por carreros.
Describe las deplorables condiciones en las que viven estos animales: atados con alambres, comiendo basura, sin atención veterinaria y trabajando excesivas horas.
Señala que el principal flagelo son los caballos de carro, pero también existen caballos robados, comprados o descartados de deportes.