Se recalca que Cristo debe ocupar el primer lugar en la vida, por encima de la familia, las relaciones, las posesiones y cualquier otro interés. Se cita el primer mandamiento: amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerza.
Se advierte contra el "evangelio del diablo" que prioriza la familia sobre Dios. Se afirma que si Dios no está primero en el corazón, ni la vida, ni la familia, ni la economía funcionarán correctamente. Se enfatiza que se ama a Dios como Él quiere ser amado o no se es su discípulo, requiriendo devoción total y lealtad incondicional.