Se relata una anécdota sobre una visita a la casa de Sandro en Banfield, describiendo el imponente paredón que la rodeaba y el misterio que generaba. El narrador expresa no querer saber qué había del otro lado, considerándolo parte del mito del cantante.
Se destaca la generosidad, humildad y claridad de Sandro sobre su identidad, diferenciando al artista del hombre. La visita se dio un día por la tarde, generando un encuentro memorable.