El sistema de salud venezolano ya estaba colapsado antes de los terremotos, con solo cuatro camas de terapia intensiva disponibles en el hospital de niños de Caracas. La situación se agravó con el cierre de ocho hospitales en la capital debido a los daños sufridos.
Los hospitales que continúan operando carecen de medicamentos, personal e insumos necesarios para salvar vidas, lo que dificulta enormemente la atención a los heridos y damnificados por el sismo.