Paraguay celebra de forma histórica su clasificación a octavos de final, dejando fuera a Alemania en un partido que revivió la "devolución de gentilezas" tras la eliminación en 2002.
La euforia se desató en Asunción, con festejos masivos en las calles y un ambiente de carnaval. La victoria paraguaya se vivió con gran emoción, representando la superación del sufrimiento previo y la fuerza colectiva.
El resultado es un mensaje de esperanza y perseverancia, recordándole a todos la importancia de "nunca dejar de creer". La hinchada paraguaya vibró con cada momento, convirtiendo la adversidad en motivación.