Se reitera que los "postreros días" (estos días) son el tiempo del derramamiento del Espíritu Santo, prometido para un despertar espiritual sin precedentes. Se enfatiza la necesidad de brindar las condiciones necesarias para que Dios se derrame, como la purificación y la oración. Se mencionan señales del fin como el declive moral y la evangelización mundial, que se lograrán a través de una iglesia avivada.
Se expresa entusiasmo por la inminencia de un gran mover espiritual y se visualiza la transformación de vidas, hogares y naciones. Se proclama la destrucción de las obras de oscuridad, la recuperación de la pureza y autoridad espiritual de la iglesia, y la rendición de las voluntades humanas. Se augura que lo que antes tomaba años se logrará en pocos días, con un río encajonado de bendiciones divinas.