Se afirma que estamos viviendo los "últimos días", un período profetizado por la Biblia para el derramamiento del Espíritu Santo, que será clave para los creyentes de hoy, al igual que las "lluvias tempranas" lo fueron para los primeros cristianos. Este derramamiento, las "lluvias tardías", preparará el fruto espiritual para el retorno de Jesús.
Sin embargo, para que ocurra este gran derramamiento, deben darse ciertas condiciones: una iglesia purificada, alejada del pecado y de rodillas, que busque a Dios con oración constante. Se cita la promesa de que si el pueblo se humilla, ora y busca el rostro de Dios, Él sanará la tierra y la hará prosperar, trayendo la lluvia tardía.