En La Guaira, un estacionamiento de tres pisos y edificios altos, que antes eran puntos de turismo y estadía, hoy son montañas de escombros. La escena se asemeja a la de una zona de guerra, con columnas debilitadas, techos partidos y restos de viviendas esparcidos.
A pesar de la desolación, maquinaria pesada y voluntarios trabajan arduamente en la remoción de escombros, buscando posibles sobrevivientes. El sonido de las bocinas de las máquinas de rescate resuena en el ambiente, un recordatorio constante de la ardua labor que se lleva a cabo.