Se reitera que la época de la iglesia es una "temporada de lluvia" que comenzó con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés (lluvia temprana). Tras un período de lluvias esporádicas y una disminución gradual del fervor espiritual, la iglesia aguarda un nuevo "mover espiritual" de gran magnitud, las "lluvias tardías", que prepararán el mundo para la cosecha final y el retorno de Cristo.
Este avivamiento, comparado en su potencial con el de Pentecostés, se presenta como una esperanza fundamental para la transformación de vidas, hogares y naciones. La analogía del agricultor que espera la lluvia tardía para madurar el fruto se utiliza para subrayar la necesidad de este derramamiento del Espíritu Santo antes de la venida del Señor.