Se exhorta a los creyentes a ser "candeleros ardientes" llevando el "fuego de la manifiesta presencia del Señor" a todos los ámbitos de la vida, incluyendo hogares, escuelas y trabajos.
El objetivo es que el mundo reconozca a Jesucristo como único Señor y Salvador, avivando la pasión por conocer a Dios y dejando atrás la tibieza espiritual y la influencia del mundo.