La Argentina se destaca en el ámbito deportivo no solo por el fútbol, sino por un talento especial que radica en la base institucional de sus deportes: los clubes. Daniel Castellani, un recordado voleibolista, reflexiona sobre la excepcionalidad argentina en el deporte, atribuyéndola no a presupuestos millonarios, sino a la pasión y la organización de los clubes de barrio.
Castellani explica que, a diferencia de otros países, Argentina posee una estructura única de clubes y sociedades de fomento que trasciende la falta de recursos. La pasión y el ingenio de los socios, que recurren a rifas y eventos para conseguir desde pelotas hasta camisetas, son el motor que impulsa el deporte amateur.
La historia de los clubes en Argentina se remonta a fines del siglo XIX, con la fundación de instituciones por inmigrantes británicos, que inicialmente eran exclusivas. Con el tiempo, surgieron clubes "criollos" y luego "clubes equipo", formados por grupos de jóvenes que buscaban competir. Estos clubes, con modelos organizacionales participativos y democráticos, se convirtieron en espacios de sociabilidad y construcción ciudadana.
Estos clubes populares, que rápidamente ganaron miles de socios, ofrecían no solo actividades deportivas sino también culturales, como clases de teatro y bibliotecas. Se consolidaron como instituciones que movilizaban la sociedad civil y suplían la ausencia del Estado en diversas áreas, demostrando la pujanza y vitalidad del asociativismo argentino.