El segmento analiza la íntima conexión entre la obra de Jesús y el poder del Espíritu Santo, destacando que Jesús nunca ocultó que su accionar provenía de esta fuerza divina.
Se enfatiza que el reino de Dios se establece al vencer el poder satánico, lo cual solo es posible trabajando en dependencia del Espíritu Santo.
La sabiduría de Jesús es otro aspecto ligado a esta fuerza divina, manifestada en su conocimiento y entendimiento. La Biblia describe al Espíritu de Dios reposando sobre Jesús, dándole espíritu de sabiduría, entendimiento, consejo y poder.
Se recuerda que el Espíritu Santo ha estado activo desde antes de la creación, colaborando en ella y estableciendo a los jueces de Israel. Figuras como Otoniel, Gedeón y Jefté fueron guiados y "poseídos" por el Espíritu del Señor, demostrando cómo este equipaba a los líderes para sus ministerios.
Finalmente, se subraya que el Espíritu Santo infundía habilidad en los artesanos, era la marca de los mensajeros de Dios y equipaba a los profetas para comunicar mensajes divinos. Sin el poder del Espíritu Santo, es imposible llevar a cabo la misión encomendada por el Señor.