Se discute el costo de cerrar fábricas y despedir trabajadores, enfatizando que la economía no es un modelo simplificado donde el capital y la mano de obra se reubican fácilmente. El cierre de empresas implica la pérdida de saberes y capacidad organizacional con consecuencias duraderas y gravosas para el entramado productivo, político y social.
Se plantea la preocupación de que, si bien el espíritu del capitalismo es que las empresas ganen dinero, es fundamental que exista un proyecto que integre a la sociedad para la sostenibilidad a largo plazo. La falta de inclusión puede llevar a la inestabilidad y al fracaso del proyecto económico.
Se reflexiona sobre la importancia de la moral individual y colectiva en las decisiones económicas y políticas, y cómo estas influyen en la sostenibilidad de un proyecto. La conclusión es que para que un proyecto funcione, debe ser inclusivo, de lo contrario, corre el riesgo de colapsar.