El Toyota Yaris Cross naftero mantiene el diseño exterior e interior de sus versiones full, con una estética que algunos consideran anticuada frente a competidores más modernos.
Bajo el capó, hereda el motor 1.5 de 4 cilindros del Yaris, un propulsor confiable con cadena de distribución y distribución variable, que ofrece eficiencia y bajos consumos. Sin embargo, sus 106 caballos de potencia lo dejan en desventaja frente a rivales que promedian los 120 caballos, afectando las prestaciones.
La transmisión es una caja CVT de 7 marchas simuladas, que puede ser manejada con levas al volante. A pesar de esto, las aceleraciones (0 a 100 km/h en 11.5 segundos) son lentas, incluso comparables a la versión híbrida que tiene menos potencia. Los sobrepasos en ruta también son lentos, demorando 9 segundos de 80 a 120 km/h.
El consumo es uno de sus puntos fuertes, especialmente en ruta, donde el motor trabaja relajado. La autonomía se ve beneficiada por un tanque de 42 litros, superior al híbrido. En ciudad, el consumo es normal, aunque no supera al híbrido.
Dinámicamente, el Yaris Cross se destaca por su agilidad y comportamiento excelente, con buena respuesta en maniobras de slalom y esquiva, y frenadas eficientes. La seguridad se ve reforzada por ayudas a la conducción de serie en toda la gama, aunque la unidad probada no las incluía. El espacio trasero es amplio y la posición de manejo es buena, con accesorios como apertura eléctrica de portón y techo panorámico. Los materiales interiores son rústicos y el diseño algo anticuado.
Su precio es un 10% inferior al de la versión híbrida, pero sigue siendo algo caro en comparación con rivales como el Volkswagen T-Cross. La llegada de SUVs chinos con mecánicas híbridas, mayor tamaño y calidad por precios similares representa un desafío. Toyota apuesta a su valor de marca, confiabilidad, servicio postventa, garantía y reventa.