El Toyota Yaris Cross mantiene un diseño estético similar a su versión híbrida, con la misma longitud y detalles exteriores. Sin embargo, su motor de 4 cilindros y 1.5 litros, heredado del Yaris y con 106 caballos de potencia, resulta anticuado y menos potente que el promedio de su segmento, que ronda los 120 caballos.
A pesar de su baja potencia, el motor es confiable, cuenta con cadena de distribución y distribución variable, lo que se traduce en eficiencia y bajos consumos. La caja CVT de variador continuo, con modo Sport y pseudo-marchas, ofrece una buena entrega en baja y se puede manejar manualmente desde las levas detrás del volante.
En pruebas de aceleración, el Yaris Cross tarda 11.5 segundos de 0 a 100 km/h, similar a la versión híbrida. Si bien estas prestaciones son suficientes para la ciudad, en ruta se notan las limitaciones al realizar sobrepasos, demorando 9 segundos de 80 a 120 km/h.
El consumo es uno de sus puntos fuertes, con un motor que va descansado en ruta a 100 km/h a 1900 RPM, logrando un gasto reducido. La autonomía se ve beneficiada por un tanque de 42 litros, mayor que el del híbrido. El confort de marcha es aceptable gracias a las ruedas de 18 pulgadas con perfil lógico, y el comportamiento dinámico es excelente, mostrando agilidad en maniobras y una buena frenada.
El espacio trasero es amplio para su tamaño. El interior es rústico y anticuado para algunos gustos, aunque compensa con accesorios como la apertura eléctrica del portón y techo panorámico. El precio es un 10% menor que la versión híbrida, pero sigue siendo considerado caro frente a rivales como el Volkswagen T-Cross, Chevrolet Tracker o Peugeot 2008. La llegada de SUVs chinos con mecánicas híbridas y mejor calidad por precios similares representa un desafío, aunque Toyota juega con el valor de marca, confiabilidad, servicio postventa y reventa.